jueves, 15 de septiembre de 2011

La competencia siempre es más barata y da crédito.

Que los comerciales no tenemos buena prensa en el resto de la organización no es una novedad. A partes iguales alimentamos el mito los que nos ganamos la vida por esas carreteras/aeropuertos de Dios y los que se creen a pies juntillas las batallitas con las que adornamos nuestro día a día.
Somos aficionados a hablar de “dura negociación” cuando en el fondo ha sido aceptar el precio que el cliente ha puesto sobre la mesa, hablamos de “tensa espera” cuando realmente se habían olvidado de nosotros por gestiones más urgentes como desayunar, damos la voz de alarma por hundimiento de los precios con la sola insinuación por parte de un cliente “vas tela caro” y no os digo nada de la afición que tenemos por hablar de la amistad que nos une a los clientes.

“Tenemos que bajar los precios o no venderemos ni una escoba” es la expresión une a todos y cada uno de los comerciales que he llegado a conocer, y me temo que podemos establecerla como axioma de obligado cumplimiento para el mundo comercial. Ya me diréis en que se parece un comercial de ruta visitando almacenistas de materiales al que se gana la vida vendiendo fábricas completas, uno comercial de fitosanitarios cono uno de lentes de contacto.... solo en que “los otros son más baratos y dan crédito”.

Y podemos alegrarnos del estrepitoso hundimiento que ha sufrido el otro pilar en el que nos hemos sustentado los comerciales, el crédito a nuestros clientes. Ese “sexto sentido” que creíamos tener y que tantos dolores de cabeza nos ha dado ha desaparecido como único efecto colateral positivo de la situación en la que nos encontramos. En estos momentos la práctica totalidad nos hemos hecho seguidores de la “escuela” de un pequeño almacén en Vélez-Málaga que, ya en épocas de bonanza, tenía como lema algo que nos hubiese evitado tremendos dolores de cabeza a todos “He llegado a un trato con los bancos, ellos no venden ladrillos y yo no doy crédito”.
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