viernes, 7 de marzo de 2014

Florentia Iliberritana, la desventurada.

Que la Granada romana está gafada lo saben hasta los gatos del Darro, esos que llevan casi cuatro años viendo el museo arqueológico cerrado “temporalmente” a cal y canto. Aplastada inmisericordemente por el esplendor medieval no levanta cabeza desde que “pícaro” Flores decidió que la realidad de lo que excavaba no era suficientemente brillante como se le aparecían en sus sueños.  Cosas que pasan cuando las cosas importantes se dejan en manos de aficionados.



De vez en cuando, como avergonzada, como pidiendo perdón por existir, la Granada romana asoma por la calle primavera, por las obras del metro o en por el antiguo cuartel de Los Mondragones. A punta de pala y estaca es obligada a volver al anonimato aduciendo la dudosa valía de lo encontrado, así que lo ocurrido con la Villa romana de los Mondragones no debería sorprender pero, mire usted por donde, es falso que en la genética granadina venga de serie la indolencia gatuna ante lo que podría ser un atropello al nivel del sucedido en el siglo XVIII.

Y digo podría porque mi falta de conocimientos en arqueología romana sólo me permite alcanzar a intuir que hay gato encerrado, del Darro o no. La Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía en coordinación con el resto de administraciones implicadas ha dado muestras de estar capacitada para gestionar asuntos similares como el teatro de la vieja Acci. Salvo por la falta de fondos, que novedad, el tratamiento técnico y la coordinación de los políticos fue impecable. Si saben hacerlo ¿qué ha pasado en el caso de los Mondragones? ¿Han consultado con el Director del Museo Arqueológico? Que sepamos forma parte de esa Delegación. ¿Qué arqueólogos de reconocido prestigio en excavaciones similares ha evaluado la Domus, sus mosaicos, los enterramientos, el edificio de culto etc para decidir su desmantelamiento? ¿Sería mucho pedir que esas excavaciones hubiesen sido dirigidas, desde la administración, por funcionarios del Cuerpo Superior Facultativo de Conservadores del Patrimonio o Museos? Me juego la fortuna que no tengo a que la Junta, dentro de su abanico de funcionarios, seguro que los tiene.

Los gatos del Darro, observadores y pacientes, también observan como pasan en silencio por delante de la casa deCastril los responsables de cultura del Ayuntamiento que, por no ofender a su ministro, optan por no pedir explicaciones a la Junta y aún menos al ministerio no sea que se enfaden. Que alguien les diga que la Granada de los Valeri Vegeti, de los Papiro y de los Anulio podría ser un complemento de primera división  para una ciudad que vive del turismo cultural.



Con indolencia gatuna nos tomaremos la noticia sobre el museo romano de los Mondragones cuando, por ciento cincuenta mil euros, el togado de Periate y todo el museo Arqueológico siguen de baja indefinida. Ejerciendo de granadino gatuno, mucho me temo que esos mosaicos aparcados por algún rincón de los Mondragones correrán una suerte parecida salvo que, la Bona Dea no lo quiera, los amigos de lo ajeno se los lleven como ya ocurrió hace treinta años durante unas excavaciones en Itálica.


Boabdil no pudo ser el último rey de otra ciudad más adecuada, la heredera de Florentia Iliberritana, la desventurada.

Publicado en Ideal el martes 11 de marzo de 2014

martes, 14 de enero de 2014

Cínicos

Dice Seutonio que, tras el desastre del Bosque de Teoteburgo, Augusto deambulaba por el palacio dando cabezazos contras las puertasa y paredes mientras gritaba “¡Varo! ¡Devuélveme mis Legiones!”. El desastre le cogió absolutamente por sorpresa y le marcó por mucho tiempo. Suerte tuvo Varo de no salir de esa selva tenebrosa y suerte tuvieron los cercanos que le dio por descargar su ira con las paredes. Tres legiones perfectamente pertrechadas que había puesto en manos de Publio Quintilio Varo fueron exterminadas por los bárbaros dirigidos por Arminio en lo que hoy conocemos como Baja Sajonia.

Hace unos días, tras saltar a los medios la condena –recurrible- por prevaricación al Alcalde y ex Alcalde de Otura, el señor Pérez, Santiago que no Sebastián, nos obsequió con una palabras cargadas de pesadumbre y sorpresa. Que ahora iban a apostar por la regeneración política dijo. Por un momento temimos por las paredes, periodistas y pilares por si se excedía en su puesta en escena y le daba por emular al César Augusto. Mientras calculaba sus palabras con gesto serio le faltó poco para espetar “¡Ignacio! ¡Pedro! ¡Devolvednos nuestra credibilidad!!

Quienes no hayan seguido el esperpento político en el que se había convertido el Ayuntamiento de Otura seguramente verían en sus palabras una actuación contundente contra unos pocos que mancillan el buen nombre del su partido. Seguramente creyeron su sorpresa, su indignación, su pesar y su petición de perdón al pueblo de Otura. Seguramente el señor Pérez, Santiago que no Sebastián, fue el elegido en el casting para esta escena por ser el que mayor credibilidad pudiese transmitir. Por intentarlo no debía quedar.


Pero por más que la dirección del PP de Granada intentase escenificar su sorpresa, su pesar, su rubor ante el pueblo de Otura, realmente fue una explicación rebosante de cinismo al más estilo del capitán Louis Renault en la mítica película Casablanca “¡Es unescándalo, he descubierto que aquí se juega!” podría haber dicho perfectamente los señores Pérez, Santiago y Sebastián.

lunes, 6 de enero de 2014

#ArqueológicoYA

En una provincia en la que disfrutamos de la mayor piscina del mundo, el pantano de Rules, y que en breve verá pasar la última tecnología en materia ferroviaria por un túnel del siglo XIX no debería extrañarnos que, en la capital, el museo arqueológico se cerrase en mayo del dos mil diez por una pequeñas obras y, a fecha de hoy, siga el mismo letrero colgado en la web y en la puerta de la Casa de Castril.

En una ciudad en la que su pasado zirí y nazarí apabulla al resto de su historia los granadinos somos capaces de debatir sin fin como estrujar más la gallina de los huevos de oro sin darnos cuenta que los turistas se pueden “cazar a lazo” una vez pero no sistemáticamente. No es la conexión Alhambra-ciudad lo que hay que resolver con ascensores o trenecitos para que los viajeros decidan dedicarnos más días. No he visto a ningún turista por Granada preguntándose qué administración dirige la Alhambra. ¿alguien duda que es la oferta de la ciudad al viajero lo que puede mejorar lo ya muy bueno?.

Granada, que ya casi vive del turismo por obra y gracia del abandono de otros sectores, tiene en su pasado pre-musulmán la respuesta a tanto debate estéril y en su museo arqueológico su herramienta más eficaz para darlo a conocer.

Completar la inmejorable oferta que representa La Alhambra debería ser el objetivo de todas las administraciones con el Ayuntamiento a la cabeza. Dos cónsules ordinarios, cinco consulados suffectus, proconsulados en Britania, África, Raetia, Germania Superior, legados y numerosas magistraturas más fueron la contribución de varias familias originarias de nuestra actual Granada al Imperio Romano en su apogeo.

No hace falta ser un experto para diseñar una estrategia complementaria a nuestro pasado musulmán para redondear la oferta a todos los que nos visitan. Tan sólo falta la voluntad política y el liderazgo que sume voluntades. La reapertura del museo arqueológico en el que se guarda el pasado íbero y romano de nuestra ciudad debe ser la herramienta que lo saque a la luz.

#ArquelógicoYA, Súmate!

domingo, 5 de enero de 2014

Roma no está tan lejos.

Los pueblos cercanos al área metropolitana de una gran ciudad pierden día a día, año a año parte de la esencia que les ha caracterizado a lo largo de los siglos. Es así y poco se puede hacer. Hablamos de tradiciones que se remontan a culturas de las que creemos que ya nos queda poco.

Los ocho siglos que nuestra tierra estuvo bajo la cultura musulmana ahogan cualquier vestigio de nuestro pasado romano, pero no hace falta escarbar mucho para darnos de bruces con aspectos indudablemente ligados a esa herencia.

El concepto familia en su más amplio significado, la protección, el respeto a los ancestros y el llevar su apodo con orgullo por más que evoque un significado peyorativo es, sin duda, una de las herencias más claras.

El “cognomen” o tercer nombre (Marco Tulio Cicerón) nació para distinguir a los diferentes individuos de una misma “gens”. En un momento indeterminado de la República empezó a transmitirse de padre a hijo marcando diferencias dentro de una misma gens. El origen de cada cognomen  podía ser un aspecto de la personalidad, del físico o lugar donde hubiese ocurrido un hecho significativo para el personaje.

Si cambiamos “cognomen” por “apodo” entenderéis, o eso espero, el por qué mantengo que la familia, y como se la reconoce en cada pueblo, es una de las herencias más directas e inalteradas que la vieja Roma nos ha dejado.

Si os hablo del “agricultor, barba roja, albino, guarda de asnos, pelo negro,  tartamudo, rubio, cabezón, prudente, veloz, alto, garbanzo, trompeta, cuervo, rubio, anguila, vigoroso, narizón, pasos largos, pintor, orejas de soplillo, bello, pelirrojo,  manco, zurdo, cojo,  bastón,  viejo, tuerto,  pantorrilla, palurdo, cerdo o enterrador”  podríais pensar que son los apodos de cualquiera de nuestros pueblos.

Pero si escucháis “agrícola, Ahenobarbus, Albinus, Annalis, Atellus, Balbus, Cannus, Capito, Cato, Celer, Celsus, Cicero, Cornicen, Corvus, Flavus,  Murena, Nerva, Nasica, Pansa, Pictor, Plautus, Pulcher, Rutilus, Scaevola, Scaurus, Scipio, Seneca, Strabo, Sura, Varro, Verres o Vespillo sentiréis que nos hemos trasladado, de repente, a la mismísima Roma.

Tratarse por los apodos, lejos de estar mal visto, debería ser todo un orgullo pues está anclado en lo más profundo de nuestras raíces. Cada pueblo que conserva todavía su identidad mantiene sus apodos y que sea por mucho tiempo.

Así que llamarnos en Otura, por ejemplo, por  “Cornetas, Sacristanes, Chirreas, Chaquetas, Tiraeras, Lentejas, Pimientos, Berengenas, Colorines, Canastas, Corrías, Cartones, Funelas, Rajas, Pajarillos, Vizcos, Bocaníos, Monticos, Turruanos, Payasos, Reventares, Secanos, Juanilletes, Garzas, Cominos, Dormíos, Bichuchos, Paqueras, Serenos, Botas, Gorduras, Pintaos, Seisdeos, Culebras,  Pacojuanicas, Pantorrillas, Guacharros, Niñobonicos, Celestinos , Muertomorios, Picolas, Penos, Pichacos, Amagaos, Canastas, Coloraos, Minguitos, Terriales, Gatos, Cachitos, Chinos, Los Dios, Alpargateras, Salaillos, Chamareas, Minas, Coloraos, Rules, Repicas, Romeros Potajes, Rauñas, Almensales, Julianes, Zapatones, Loquillos, Luques, Topos, Puntocos, Canos, Artilleros, Figuricas, Barberos, Fideos, Manquillos, Pellizcos, Tijericas, Farfollas, Mistos o Caillos”  es el mejor homenaje a nuestros antepasados y a nuestra cultura romana.

Aquí un Reventares, Rajas, Secano y Juanillete.

martes, 24 de diciembre de 2013

El guiri, el fuego y el hielo

Su vuelo aterrizó puntual en el Pablo Picasso. Con unos 20º de invierno boquerón lo primero que hizo Peter fue rebuscar en la maleta y ponerse las chanclas. Desde que decidió pasar unos días en el sur de España esa era su principal ilusión. Liverpool  no era precisamente Torre del Mar y al chaval siempre le gustó llevar los pies descubiertos. Cosas de la edad y de las gentes del norte.

Peter y una amiga.


Eran unos veinticinco con el mismo porte y, al entrar en el hotel, la recepcionista se santiguó. Les habían colocado en las habitaciones que daban a un secarral para evitar que por la noche practicasen el vuelo sin motor hacia la piscina, sabía que serían cinco días complicados. Lo llevaban escrito en sus caras y mochilas.
Playa, Sierra Nevada, una noche en Granada, Alhambra y un par de días más de playa regado principalmente de abundante cerveza era el plan. Escapar del invierno de Britania tenía que rentabilizarse con horas de sol y litros de cerveza barata.

Eufóricos por una primera noche de borrachera subieron a eso de las ocho de la mañana con una muda y abrigo camino de Sierra Nevada. Peter con sus chanclas. El conductor y la recepcionista se miraron, esta especie no tiene remedio comentaron con gestos que sólo ellos entendieron. Mientras subían las Pedrizas un monitor les intentaba explicar que no era opcional el uso de protector solar, sus pieles lechosas se abrasarían con toda seguridad si lo dejaban de adorno. Algunos escucharon, Peter no.

Peter y unos amigos tomando el sol en Borreguiles.


Pradollano les recibió con uno de esos días de invierno mentiroso granadino. Entre 10º y 15º pero una sensación de poder ir bañador salvo que una nueve tuviese a bien darse un garbeo por delante del Sol. Con sus  equipos de skís alquilados no pasaron de la zona de principiantes, tenía menos estilo en el deporte de la nieve que para el calzado. Unos cuantos, entre ellos el amigo Peter, tras unos cuantos porrazos, decidieron que ya estaba bien y optaron por la técnica del lagarto y la cerveza. El tiempo de zamparse tres tercios de cerveza  y un bocadillo es lo que estuvo en chanclas, pantalones cortos, camiseta y sin crema protectora. Entre lamentos y crujidos de la piel sus compañeros dudaron si socorrele o darle la vuelta para que se acabase de hacer.  Optaron por lo primero, la amistadad está para algo, y lo portearon como un desecho de producción hasta el puesto de socorro. De donde le cogían crujía como papel de estraza. Daba pena verle, no podía ni vocalizar.

Muy a su pesar Peter comprobó que el puesto de socorro de Borreguiles no era el primer lechoso abrasado que atendía y sintió un alivio rápido en cuanto lo trataron. Camino del hotel en Granada tenía pocas ganas de jarana y se acurrucó como un perro apaleado en un asiento del microbús mientras los otros zánganos explicaban sus batallas en las nieves y contabilizaban la cerveza devorada.

En el hotel de la calle Recogidas,  un colega no tan abrasado y él, se aplicaron mutuamente el ungüento milagroso y pareció revivir. Seguía con fuego interno pero ya podía caminar así que se animó a salir. Fiel a sus chanclas, calzones cortos y la sudadera menos áspera que encontró en la maleta bajo a la recepción. Por más que le avisaron de lo cambiante del clima granadino su fuego interior y los 20º con los que entró en el hotel hizo que se negase a subir a por ropa adecuada.

En cuanto puso el pie en la calle comprendió que algo no iba bien. Creyó estar en otra ciudad. Con el sol a buen recaudo hasta el día siguiente de Puerta Real bajaba una brisa heladora que le dejó más tieso que las quemaduras de tercer grado. Sólo veía plumones, bufandas y botas hasta las rodillas. Al embocar calle Reyes, Darro abajo era la mismísima Siberia lo que bajaba y en cualquier momento esperaba ver un apartida de cosacos a caballo. Dio media vuelta, regresó al hotel  y se negó a salir. Entró en calor en cuanto  liquidó el mini bar. No era su día.

Con algo de resaca pero con el ánimo recobrado decidió que esta vez no se equivocaría. Camiseta térmica, calcetines de lana, forro polar, orejeras, gorro y el pijama bajo los pantalones sería suficiente para no pasar frío entre palacio Nazarí y palacio Nazarí. El guía le prometió al llegar a las taquillas de la Alhambra que eso de subir Paseo de los Tristes y la cuesta de los Chinos no lo había hecho con mala idea. En los mismos baños se quitó los pantalones del pijama y la camiseta térmica chorreando de sudor. El resto del día con 22º y un sol radiante parecía un porteador del Himalaya con esa mochila repleta de ropa.  

La cuesta de los chinos

Con la piel abrasada y un catarro de manual llegó derrotado al hotel malagueño junto a un Mediterráneo sereno. Peter no salió de la habitación el resto de los días hasta que le garantizaron, por escrito, que era el microbús que le llevaba de regreso al Pablo Picasso y su Liverpool brumoso. No quería saber nada más de ese invierno mentiroso mitad fuego mitad hielo.

Publicado Ideal el 24 de diciembre de 2014 dendro de #RelatosDeInvierno


lunes, 9 de diciembre de 2013

Aparejadores en red. #coaatgrTIC

Difícilmente hay un coctel con memos partidarios que un comercial del sector de la construcción y aparejador en sus ratos libres. De lo primero ya se ha hablado hasta gastar el papel, la tinta y las ideas, de los aparejadores igual queda poco que decir pues nos hemos quedado en tierra de nadie y somos el jarrón chino del mundo de la arquitectura. Soy poco optimista, lo sé. 


El pasado jueves cinco de diciembre el Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos y Aparejadores de Granada,  dentro de su campaña #coaatgrTIC, presentó su nueva imagen  que es todo un acierto. Clara, limpia y transmite. ¿qué más se le puede pedir a una marca? Le auguro mucho éxito pues hacer marca es lo que nos queda para salir del anonimato tanto a los que vendemos producto como los que ofrecen servicios y quien mejor para tirar del carro que el organismo que nos representa si queremos dejar de ser ese jarrón chino.

Miguel Castillo, Presidente del Colegio, y su equipo
Tanto que me he quejado de los cursillos de poca monta en los que he participado a lo largo de estos años mira por donde, la temeridad de un amigo, me puso delante de los compañeros para exponerle como actúo en las redes sociales tanto en lo personal como cuando lo hago con las cuentas de la empresa en la que llevo desde 1996.  Lo intenté. Con la puerta abierta y sin cepos en la salida vi a pocos salir a la carrera. Garantizo que la cámara fotográfica en la calle San Matías es cosa del afán recaudador del Ayuntamiento de Granada y no para dejar registro de los que saliesen antes de tiempo.

Por suerte ese amigo compensó mi presencia con José Antonio Rodríguez Salas (@JoseantonoJun) y Enrique Alario Catalá (@Enriquealario). El primero ha conseguido que su pueblo del que es alcalde, Jun, con menos de cinco mil habitantes se codee con las principales ciudades del mundo siendo un referente en gestión 2.0 y Enrique es todo un ejemplo a seguir como profesional libre que una profesión tan 1.0 como la del aparejador  y las redes sociales con un blog que ya es toda una referencia de la profesión.
José Antonio Rodríguez Salas, alcalde de Jun



Enrique Alario Catalá, aparjador y bloguero.

Sólo me queda agradecer al Colegio (@coaatgr) y a todo el equipo (@mglcas , @aguimarestudio y @chaloplay) su iniciativa #coaatgrTIC y que contasen conmigo para explicar cuatro historietas de un aparejador que se dedica a las ventas y que apareja poco aunque no se queja mucho dadas las circunstancias, o sí. Depende de los gustos. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Los bares de carretera y sus menús.



Aunque pensemos en los franceses al hablar de “chovinismo” os puedo garantizar que nosotros no andamos muy a la zaga. Un ejemplo es “en España se come bien en cualquier sitio”.  Perdonadme pero eso no es cierto y tengo las pruebas. Cualquier comercial que ande por esas carreteras patrias os podrá decir que ha comido cosas y en sitios que ninguno de vosotros podrías imaginar. Algún día publicaré una guía de los bares de carretera en los que no debéis parar a comer bajo ningún concepto.

Para no pecar de trágico también podría marcar en un mapa otros muchos lugares a los que sería de obligado cumplimiento peregrinar de rodillas para agradecerle lo que son capaces de dar de comer por no más de diez euros y en poco más de media hora.  A un buen bar de carretera le envidian los restaurantes cargados de estrellas por la calidad que son capaces de dar con tan poco y los de “comida rápida” podrían aprender mucho de ellos en lo referente a dar de comer a muchos en poco tiempo. Pero los buenos sitios los dejo para otra guía que dudo mucho que escriba.



A pie de cualquier arcén hay menús que perfectamente podrían acabar con el aparato digestivo de la cabra más embrutecida. Esquivarlos es todo un arte que se aprende a base de kilómetros y dolores de vientre. Bolitas de porexpan con forma y color de arroz, suelas de alpargatas pringadas con formas que recuerdan a un bistec de ternera, patatas fritas que pudieran ser usadas como puntas de flecha. Sobre las sopas de picadillos y las cosas que flotan en ellas hay datos para una enciclopedia y este artículo no da para tanto. La única ventaja que tienen esos menús-trampa es que sales tan ligero para seguir la ruta como llenos los platos vuelven a la cocina.

Cuando no has superado los cien mil kilómetros a tus espaldas puedes creer que la solución es preguntarle al último cliente de la mañana pero, recuerda, él come cada día en su casa y no tiene porque saber el nivel de cada garito. Además piensa con la cabeza, unos tiene unas ganas locas que le dejes en paz y otros recuerdan las épocas gloriosas en la que se le rifaban para comer a la carta con café puro y hoy ni le invitas a un triste menú así que, yo en tú lugar, no le creería a pies juntillas.


Dadas las circunstancias lo más recomendable cuando transites por asfaltos desconocidos es optar por el socorrido bocadillo de lomo en la barra pues hay que ser muy tarugo para que no esté comestible, además, la plancha mata cualquier visitante inesperado. Como siempre me ha gustado eso de la innovación no descarto llevarme en las próximas rutas esas bolsitas con “mistol” comestible que se zampan los ciclistas y no parar ni para comer mientras no localice bares dignos de incorporarse a la guía buena de menús gloriosos por menos de diez euros que difícilmente un día escribiré.