sábado, 15 de septiembre de 2012

El tratado del Ibero


A estas alturas de la película ya no vale la pena explicar de Ebro para arriba que tributan las personas y no los territorios, ó que hayan perdido la fuerza que les destacó como territorio emprendedor es imputable a sus políticos y a ellos mismos. Al sur del Ebro tampoco perderé ya mucho tiempo en explicar que el sentimiento de nación y su lengua de los catalanes no es una invención para rellenar periódicos, abrir telediarios o inundar las redes sociales, ó que en ciertos territorios tengamos un 30% de desempleo estructural a pesar de los ríos de dinero europeo recibidos deja claro que algo no estamos haciendo bien. Búscate un enemigo y échate a dormir.

Veintidós siglos tras el tratado del Ebro que firmó Asdrúbal el Bello con la República Romana estamos otra vez en la casilla de salida. Durante estos siglos Cataluña ha sido Ibera, Fenicia, Griega, Romana, Visigoda, Musulmana, Marca Hispánica, Independiente, Corona de Aragón, España, Francesa y otra vez España. De Ebro para abajo prácticamente igual si cambiamos la Corona de Castilla por la Aragonesa. Y aquí estamos otra vez escribiendo un nuevo capítulo de lo que seremos.

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Llegados a este punto dónde cada uno tiene sus anotaciones, las que le interesan, hechas al margen del transcurso de los hechos y parece que no tenemos la capacidad de entender los unos las cosas de los otros deberíamos servirnos de la historia para quitarle hierro al asunto, sentarnos a hablar y elegir para esta nueva etapa la mejor de las formas de organizarnos para que se respeten las verdaderas cosas que importan a los ciudadanos. Estabilidad económica, empleo, educación, salud, desarrollo personal y respeto los unos a los otros.

Las  banderas, fronteras y los políticos deberían rendir honores a las personas y que no nos vendan una vez más el miedo enlatado y etiquetado por los que no han sido capaces de procurarnos un futuro unidos. En 22 siglos lo que estamos viviendo ha ocurrido innumerables veces y siempre han pagado las personas la factura de los intereses espurios de unos pocos.Ya, lo sé, se ha acelerado la situación por la extrema debilidad de nuestra situación económica. Una vez más nada nuevo en el horizonte. Los grandes cambios geopolíticos siempre los han desencadenado la pobreza de unos, la riqueza extrema de otros o las religiones.

Los Estados que han desaparecido, nacido o transformado a lo largo de la historia no lo han hecho por ser pequeños, medianos, grandes, del sur o del norte. Han desaparecido o nacido y lo seguirán haciendo por la poca capacidad de sus gobernantes o por dedicarse en exclusiva a las necesidades de las oligarquías. Así que seamos listos por una vez. Propongo que nos sentemos, hablemos hasta el amanecer intentando una vez más seguir juntos. Si ya no es posible, si ya hemos cruzado otro río, el Rubicón esta vez, amistosamente tomemos cada uno su camino y dediquemos nuestras pocas fuerzas a las personas. Para variar no estaría mal.   
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