martes, 7 de febrero de 2012

Granada: Sólo del Turismo no se vive.

En una reunión de ámbito nacional a la que asistí hace unas semanas me comentaban la suerte que tenemos en Granada. Suerte por no tener que “cazar a lazo” a los turistas, suerte por tener La Alhambra, Sierra Nevada y con una ciudad cargada de pequeños tesoros algo acomplejados por el monumento Nazarí. Tal torrente de sentido común lo completó con la perplejidad que le producía ver a Granada sistemáticamente a la cola de todas las listas negativas publicadas y por publicar.



Sin darme tiempo a reaccionar pasó a relatarme todas y cada una de las dificultades a las que se enfrentan en su tierra. Desconecté. Mientras soltaba toda una retahíla de problemas, en gran medida comunes a los nuestros, pensé en lo que olvidaba y que agrandaría su incomprensión a nuestra última posición en todo. Último lugar ganado a pulso, todo sea dicho. Olvidaba mi amigo la Costa Tropical, el Altiplano, el Poniente, la comarca de Alhama y los Montes Orientales. Olvidaba también El Valle de Lecrín y Las Alpujarras. En cambio yo las iba enumerando en silencio bajo la banda sonora de sus lamentos y pensando que somos la prueba que solo del turismo no se vive.

En la primera ocasión que tuve intenté exponerle los motivos por los que los granadinos somos incapaces de movilizar tal potencial turístico y otros que él no conocía. La falta de liderazgo y el cortoplacismo en nuestra Granada hacen que despilfarremos ese caudal de oportunidades. Sin liderazgo político, ni empresarial, ni social, en Granada nos dedicamos a pegarnos tiros en los pies los unos a los otros y a nosotros mismos como se nos ocurra compartir una idea con alguien.  Y no me refiero al liderazgo lanar, que diría Pérez Reverte, que tanto daño hace en cualquier ámbito de la vida.

Le intenté exponer que los granadinos somos conscientes de las locomotoras económicas que tenemos a nuestra disposición además del turismo (UGR, PTS, Parque de las Ciencias etc) pero que nos mostramos incapaces de alinearlas en un solo sentido y con un único objetivo: el progreso de Granada. Terminé contándole que por no tener no teníamos ni enemigo común a quién culpar de nuestros males. El centralismo sevillano o madrileño  se reparten ese papel en función del color político que manda en nuestra tierra y en las dos capitales. Y así nos luce el pelo.
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