sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Prisas? No gracias.


Aquella mañana de martes en los Montes Orientales de Granada decidió hacer todo el frío previsto para el invierno. Entre olivares derrotados por la nieve de Guadahortuna a Montejicar algún otro comercial mejor madrugador que yo, o con más letras que pagar, dejó las suficientes miguitas de pan en forma de rodadas para no acabar con mi Fiat Bravo aparcado junto a la cepa de un olivo cualquiera.


Almendros helados, que también abundan en nuestra tierra

Martes, Montes Orientales. El abc de un comercial de ruta que nieve, truene o llueva a cubos a la hora prevista estará plantado en la puerta del cliente. Yo lo estuve. Eran ya un  puñado de minutos más de las nueve y apostado al otro lado de la acera cavilaba al primer sol de la mañana. No calentaba, engañaba, sol mentiroso de invierno. Para los que no recuerden los usos y costumbres de 2001 nadie llamaba a nadie a los pocos móviles que teníamos. Esperabas y punto. El segundo cortado descafeinado sin azúcar en el bar de la Plaza me ayudó a entrar en calor y seguir con la espera.

Camino de nuevo al almacén repasé mentalmente las típicas tres partes de cualquier discurso “Di lo que vas a explicar, explícalo y recuerda lo que explicaste”. Con el tiempo llegué a la fácil conclusión que no solo sirve para los comerciales.

La visita fue rápida, demasiado rápida, casi como un día normal y para mí no lo era. Camino ya de Domingo Pérez ajustando la trazada al cruzarme con los salpicados coches que circulaban esa mañana recapitulé punto por punto lo que había pasado. Domingo Pérez, Dehesas Viejas, Benalúa y las Villas, Iznallóz y Deifontes ya con el sol de retirada, supongo cansado de no calentar, se repitieron, confirmaron y acumularon las excusas y justificaciones casi todas cargadas de sinceras recomendaciones. Nuestra nueva línea de productos había nacido tan corta en referencias básicas para los clientes que no venderíamos ni para pagar el gasoil gastado en la ruta de ese día.

A44 para Granada a resguardo de un buen cabestro con forma de quitanieves  fui recordando las palabras que me dijeron y buscando las que no me dijeron supongo que para no ahondar en la herida. Pocas horas más tarde desempolvamos los 15 productos restantes que, sumados a los 4 que ya teníamos disponibles,  completaría la cartera mínima de productos que cualquier almacenista consumía. Un par de meses nos costó el error de planificación en la cartera de productos.

Con menos frío pero con más argumentos retomamos las rutas y las presentaciones de nuestra gama. Esta vez nos escucharon y probaron. Unos nos eligieron otros no pero todos supieron que una nueva marca de morteros había aterrizado en el mercado con ganas de quedarse. Y es que precipitarse en salir al mercado calienta tan poco como el mentiroso sol de invierno.
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