jueves, 24 de noviembre de 2011

Gastos, Dietas y Sobresueldos


La relación de los comerciales con los gastos de representación darían para un sesudo ensayo con tantas páginas que, con seguridad, acabaría en esa parte prescindible que todos tenemos en nuestra librería. Claro está si fuese publicado y comprado, cosa que dudo. Y todas las relaciones tienen su inicio y su encaje para que duren.

Apenas tarde un día en generar gasto a la empresa y, como es lógico, tardé días en empezar a corresponder con las primeras ventas. Gasolina, desayuno, comida, cena no pues el proveedor se retrató, hotel y otro tanto en el viaje de regreso. Que formase parte de mi formación en los productos que íbamos a comercializar no evitó la cara de sorpresa del cajero de mi nueva empresa ante tal rosario de gastos. Reconozco que también yo me sorprendí de lo que llega a gastar un comercial dando tumbos.

Entregué los recibos debidamente sumandos, mi presupuesto semanal estaba en juego, necesitaba esas ocho mil y pico pesetas del 1996 que adelanté de mi raída cuenta más corriente que  nunca. El cajero no necesitó mucho más para saber que el pardillo que tenía enfrente no se levantaría sin liquidar las cuentas. Por teléfono recibió el OK. Cobré. Se con seguridad que desde ese día pasé a formar parte de la leyenda de nuestra empresa como un “bon vivan”, el posterior sobrenombre de “Gerente de ocio y Turismo” me lo adjudicaron tras varios años en la empresa y todo un historial de hoteles, aviones, comidas todo ello debidamente justificado.
                                                Encina entre Agrón y Alhama de Granda. El Temple

Creo que fue por la comarca granadina del Temple la primera vez que escuché un “Cuanto le pongo?” mientras con el bolígrafo en la mano apuntaba directamente a la casilla “importe” tras escribir “un menú” bajo el apartado “concepto”. Lo cierto es que esa pregunta no era nueva pero si el lugar. En la pescadería, en la carnicería incluso en la gasolinera con la manguera en la mano esa pregunta hubiese sido absolutamente procedente. Con el ansía de fidelizar a camioneros y comerciales fui aprendiendo que era una norma de cortesía no escrita que ayudaba a financiar los gastillos del día a día.

Tarde poco en conocer a viejo comercial del que ya os he hablado en algún que otro episodio. Aunque del mismo gremio su mono producto de primera necesidad para el sector de la construcción le hacía pertenecer a una casta claramente superior, algo así como a la Realeza mientras mis productos se encontraban a caballo de la burguesía y proletariado. A su rueda reconozco que le ahorré dinero a mi empresa, conocí los mejores sitios para comer de nuestra Andalucía y aprendí hasta “latín” sobre el mundo  de los gastos de un comercial.

Aprendí también de él a elegir cuando invitar a un café o comida a un cliente y cuando no. Supe como elegir bien las horas de visita para evitar la simple posibilidad. Comprendí a evaluar cuando un gasto con un cliente  era realmente una inversión y cuando un festival por la cara. Sobre todo me hizo ver que una empresa jamás debe compensar gastos de representación vía dietas en nómina pues sí justificando los gastos semana a semana los más listillos rebañan una miseria la condición humana hace de las dietas claramente un sobresueldo que, a los pocos meses, deja de cumplir su objetivo y son utilizadas para pagar la letra del coche, televisor o apartamento de la playa.

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