martes, 4 de octubre de 2011

Comerciales españoles Innovando

Una de las grandes aportaciones del mundo comercial español a las Ferias profesionales ha sido una buena barra bien provista de un grifo de cerveza, vinos y buenos platos de jamón, queso o cualquier otra cosa que llevarse a boca. Cualquier variante siempre ha sido bien recibida siendo los clientes poco dados a quejarse si, a la hora del servicio, somos los propios comerciales quienes atendemos o, ya para nota, camareros profesionales.

Esta costumbre tan nuestra de rematar los negocios al calor de una buena comida fue sin duda el motor de esta innovación y se ha convertido en un reclamo que nunca falla para tener el stand concurrido. Tal éxito no ha pasado desapercibido y se ha propagado por el mercado exterior con la facilidad con la que a uno se le puede ir de las manos la simple quema de un rastrojo.  No está de más que os recomiende que en Ferias europeas sea un stand patrio el elegido para tan gratificante receso sino queréis transformar la experiencia en una pesadilla.

Siendo con toda seguridad el sector de la construcción -¿o del ganado?- quién realizó está innovación en las ferias han sido otros los que lo han llevado a su máximo esplendor. Así en Ferias como el SIMO o CEVISAMA  en sus mejores años se transformaron las iniciales barras en completos restaurantes dejando patente que a las empresas a veces nos faltan frenos o nos sobra el dinero.

Tal exceso, desde mi punto de vista, se acaba pagando tanto por el que expone como por el visitante. El segundo lo paga en habituales excesos etílicos, kilos de más y vistas de menos a otros stands perdiendo la gran oportunidad que sigue siendo una buena Feria. Los primeros lo pagan con una inversión astronómica con un retorno difícilmente cuantificable a corto, medio o largo plazo pues los clientes a la semana siguiente retoman la sana costumbre de exigir precio, gama y forma de pago.

Estos momentos que se están viviendo tiene muchos efectos colaterales y uno de ellos ha sido rescatar el significado original de esta innovación tan española, agradecer al cliente que nuestro stand sea el elegido para hacer un receso y que, a cambio de una cerveza bien fría, copa de vino, refresco o botellín de agua con su correspondiente tapa acepte el cliente una exposición de las novedades dando de paso un aspecto concurrido a nuestro stand.

Optemos por la austera tradición o por el mayor de los dispendios es recomendable que vigilemos de cerca de nuestros comerciales para que no sigan el ritmo de los clientes más que con agua pues no hay nada peor, para la imagen de la empresa, que un comercial con un “puntito” o con un saco de ellos intentando defender un producto.
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