sábado, 24 de septiembre de 2011

Pequeñas cosas que se aprenden


En todos estos años son muchos los comerciales con los que he colaborado, competido o simplemente he visto en acción. Quedaría ahora de cine exponeros que grandes lecciones he recibido pero no es así. No hay grandes lecciones, hay pequeñas cosas, actitudes, como enfoca cada uno una situación, como escapan los buenos de situaciones difíciles o como fracasan otros en las cosas más simples.

Hubo un compañero que intentó ser mi mentor, le dejé hacer. Como persona resultaba pesado en el corto espacio de un café por lo que supuse sin dificultad que esa misma impresión tendrían de él los clientes. Los compañeros compartían esa apreciación, me buscaba para amargarme el desayuno. Inconscientemente empecé a preparar mis rutas la tarde anterior y salir así directo sin pasar por la oficina. Esa práctica resultó muy efectiva, me lo quité de encima y mis primeras visitas eran tan tempranas que los clientes estaban frescos, receptivos y apostaron por mí. Acabé agradeciéndole eternamente que me hubiese fastidiado tantos desayunos.

No tuvo opción para estropear el café y tostada a más compañeros, otro de sus defectos ayudó a que le abrieran de par en par las puertas de la empresa. Retrepado en la silla proclamaba a los cuatro vientos que no había almacén entre Adra y Nerja que no conociese, le bastaba un llamada para conseguir el pedido. Pensé al principio que los clientes preferían una llamada a una visita suya y les comprendía. Al parecer otros comerciales menos estrella pero más currantes resultaron más efectivos que cualquier llamada suya.

Grabado a sangre y fuego tengo el recuerdo de ese comercial, siempre que organizo un visita o en el transcurso de un reunión procuro recordar como lo haría él, seguidamente  hago todo lo contrario. Funciona
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