domingo, 10 de junio de 2012

Una línea de crédito con #malafollá


Cuando me preguntan que es la malafollá granaina suelo explicar que es todo y no es nada, es un estado de ánimo, una respuesta ácida, un gesto, un aviso que te tengo calao. Es quedarte a gusto, soltar una coz en tiempo y forma. Es en definitiva un exceso de sinceridad que lo adornamos y nos lo perdonamos a la espera de ser en breve el objetivo.

Es evidente que en función del auditorio y la capacidad del sujeto emisor y del receptor esa malafollá puede acabar en “bocaná” si es excesiva o no viene a cuento. Si el emisor no está muy capacitado, o simplemente no da para más,  suele quedar como un “ramplón” que es uno de los peores “sambenitos” que te puede colgar en nuestra Graná. Por el contrario si es el receptor el que no tiene cintura la cosa puede acabar perfectamente como el Rosario de la Aurora.

Puertarrá, epicentro de la #malafollá granaina
Llegados a este punto intentaré explicar en pocas palabras un método infalible para desencadenar un ataque de mallafollá en casi cualquier granaino. Para los que no habéis padecido en vuestras carnes tal situación igual os libra de un mal rato. En presencia de un granaino haz lo blanco negro, dí que es de noche aunque esté el sol en todo lo alto, que lo bajo es alto y lo gordo flaco. Di que un #rescate es una línea de crédito, que tú has presionado al mundo o que en una autovía los equivocados son todos menos el piloto suicida. Ser objeto de un auténtico envite de un malafollá es duro, te deja al descubierto, sin parapeto y a la vista tus vergüenzas así que te recomiendo que lo evites.

Una vez desencadenada la malafollá solo hay un tratamiento efectivo para que las aguas vuelvan a su cauce, que nos tomen por adultos y nos traten como tales, que rectifique el sujeto, que reconozca que ha sido el mundo contra ti, que el hollín es negro, la nieve blanca y que equivocaste la entrada a la autovía o te querías suicidar.

Igual que los emperadores Romanos sensatos se hacían acompañar de un “nomenclator” que les recordase el nombre de cada persona, y ganarse así un amigo de para casi toda la vida, los políticos españoles deberían ir siempre acompañados de un auténtico malafollá, de la Chana o del Zaidín, del Camino Ronda o Puerta Real y así nunca tendrían la tentación de hacernos el hollín blanco y la nieve negra.
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