Mostrando entradas con la etiqueta fraude. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fraude. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de julio de 2014

Manuel “el Pegaso”.

Eran casi la hora de cerrar el chiringuito y este seguía sin aparecer. El IVA sin cerrar, la cerveza calentándose y la cena enfriándose le estaban poniendo de un humor regular. El portero sonó y le dijo a Laura que por hoy estaba bien, que abriera la puerta al “Pegaso” y que mañana sería otro día. A Manuel “el Pegaso”, que desde hacía años se ganaba la vida con un MAN, todo el pueblo le conocía por el viejo Comet de su padre. Era una leyenda. El camión y el padre.



Sólo tuvo que firmar los documentos que Gerardo, su asesor, le fue poniendo sobre la mesa. Para el “Pegaso” lo importante es que “eso” no le costaba un euro, que esa ventaja era por estar en “módulos” y con estos favores el cliente jamás pensaría en retirar materiales de otro sitio ni encargarle portes a nadie que no fuese él. Algo de fidelizar clientes le había dicho un día su amigo Gerardo al calor de las enaguas de la mesa camilla de su casa y unos cuantos vasos de mosto. Cuando le daba por soltar palabras raras era único.

Se despidieron hasta el trimestre siguiente no sin antes recordarle que debía comprar ya todo sin IVA hasta final de año o de lo contrario Montoro le subiría de módulo. El negocio de los tres dependía de eso, del asesor, del “Pegaso” y un tercero en estimación directa cliente también de la asesoría.

Para Manuel el día no había acabado, en la puerta del almacén le esperaba un representante que le vendía los ladrillos y otros materiales. Tenía efectivo suficiente, a media tarde, Luis el de la vaquería, le había pagado a toca teja el porte de las alpacas. Al comercial lo despacho pronto. El “Pegaso” sacó los tres mil quinientos euros del bolsillo delantero, los contó, los contó el representante y antes de que abriese la boca le había dicho que nada de IVA hasta que acabase el año. Eran lentejas le dijo, que por aquellos montes nadie sabía de barcos y muchos menos de “ivas” ni “venías”. Manuel se había aprendido de carrerilla ese chascarrillo de tanto repetírselo sus clientes a él.

El día no había sido malo, las gentes de esas tierras eran magníficos pagadores y la fábrica de ladrillos que representaba desde hacía años tenía tan buen material como tragaderas para los asuntos del “sin gas” así que se levantaba un sueldo razonable a cambio de dejar en el maleteros sus escrúpulos y su argumentario técnico sobre los productos.

Sin darle tiempo a que el chucho del vecino empezase a ladrarle al alba ya estaba rondando de la cocina al baño. A Lucas no le hacía gracia dormir en su casa con la recaudación del día, esas noches se le hacían largas por más que tuviese varios escondites de garantía repartídos por todo el sótano. 

Antes del café ya habría soltado el “paquete” en la oficina y carretera que otros “Pegasos” esperaban. Se había acostumbrado a manejar billetes de otros sin hacer preguntas y tenía asumido hacía tiempo que el IVA era el único argumento de venta que valía en las trincheras.

El contable se subía por las paredes. Lucas decidió que lo mejor era largarse que en esos casos el que menos pinta suele recibir hasta en el cielo de la boca. Ya no sabía a que puerta llamar para colocar tanto “sin polvo”, bueno sí lo sabía pero le jodía. Levantó el teléfono. La cita era para antes de cerrar el inventario.

En una mano la factura por todo el producto vendido “a pelo” por esas carreteras, en la otra la bolsa con tantos euros en metálico como indicaba la base. Tras hablar del tiempo, el fútbol y lo malos que eran todos los políticos Pedro le entregó 10 talones que sumaban el importe íntegro de la factura y el contable le dio la bolsa.

Pedro tenía prisa, no por contabilizar la factura para desgravársela como gasto, el pleno estaría acabando y tocaba cenaba con el alcalde, un concejal y otro tipo que siempre estaba aunque no sabía muy bien que pintaba, de la estructura le habían dicho alguna vez. La obra empezaría en un mes y hoy les compensaría todos los desvelos en lubricar diversas operaciones. Coches, apartamentos y viajes varios podían dar fe. Por otro lado las elecciones estaban al caer y sería un desastre que faltase efectivo para la campaña.

La famosa ardilla podría cruzar España saltando de los clientes a los “Pegaso”, de estos a los asesores, a los representantes, a los contables, a los blanqueadores... todos inocentes, todos metidos en el ajo.  Si la puñetera ardilla hablase más y saltase menos le diría al “Pegaso”, al asesor, al comercial, al contable que tuviesen piedad de ella y, como mínimo, recapacitasen un poco la próxima vez que hablase de lo malos que son “los políticos” y del fraude en las grandes esferas. La ardilla de las narices le diría también que asumiesen de una vez que son eslabones imprescindibles de la misma cadena. Cadena del WC por el que nos iremos todos si no nos plantamos pronto.


jueves, 16 de agosto de 2012

No me gustan los septiembres. Y este menos.


Septiembre es al año completo lo que la tarde de un domingo a la semana. Hay que pillar el paso. ¿Cambiamos ya los armarios? ¿Tapamos ya la piscina o igual todavía se bañarán? ¿Vamos a soltar la pasta al vivero para sustituir los colgajos que fueron plantas?. La tensión en la carretera sube, la normalidad está a la vuelta de la esquina. No me gustan los septiembres.

Desde hace cuatro años también es un mes de sorpresas, de persianas bajadas, de toallas tiradas y no de playa. De clientes perdidos, de proveedores que no encuentras. Fracasos acumulados. Se repasan los objetivos que no cumpliremos a final de año. Nervios. Los propios quieren vender lo imposible y los proveedores bombardean sin misericordia para cumplir los suyos. No me gustan los septiembres.

Este no me gusta especialmente. Se nos secará la boca explicando que no hemos subido los precios, que el fracaso del Gobierno y el nuestro propio se valora en un 16% más de IVA.. Fracaso del gobierno que reconoce su incapacidad para trincar al que nos defrauda, al que nos engaña, al que se ríe de todos. Cree tapar el Gobierno su fracaso estrujando al que cumple. No me gustan los septiembres.

Fracaso nuestro como sociedad. Fracaso de todos los que han dicho, dicen y dirán “a mi sin IVA que para que se lo lleve el Gobierno me lo gasto yo en gambas”. Fracaso que pagamos todos. A esos "listos" que han tomado la decisión los montaría este septiembre junto a un comercial por esas carreteras y que le expliquen a los que están por módulos, que no querían pagar el 18%, que ahora paguen el 21%. No me gustan los septiembres.

Fracaso doble que tendrá el Gobierno cuando para las navidades, sin extra los funcionarios y estrujados todos, la recaudación siga hundiéndose. Fracaso cuando la economía sumergida supere el 30% del PIB y las empresas tiren de ERE por la bajada del consumo y no poder competir con los que trabajan en polígonos perdidos, con las persianas bajadas, sin cotizar por los trabajadores, exigiendo compras sin IVA para vender sin IVA. No me gustan los septiembres y este menos.

PD: que no os engañen,  pasar del 18% al 21% se puede "vender" como una subida de 3 puntos netos ó decir la verdad, 3 sobre 18 implica una subida del 16%. Las matemáticas todavía no engañan.