Mostrando entradas con la etiqueta gestión de equipos humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gestión de equipos humanos. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de octubre de 2013

Gestionar proyectos, gestionar personas.

No hay escuela de negocios, libro de autoayuda o cursillo de poca monta en el que no dejen claro que la gestión del equipo humano es clave para el éxito de cualquier proyecto y si es empresarial, mucho más.  En épocas de vino y rosas es fácil aplicarlo pero en estas que nos ha tocado gestionar diría que es imprescindible. Tras no pocos fracasos sonados es fácil descubrir a directivos o propietarios que lo olvidaron. No recuerdo quien pero tan sólo una vez me lo explicaron desarrollando punto por punto como la forma de dirigir afectaba directamente al rendimiento del equipo humano, es decir, lo que el sentido común nos dice cuantificado en la cuenta de resultados. En una simple servilleta de un bar cualquiera me lo explicaron y en un blog, de los pocos que guardo, lo anoté.



El personal de cualquier empresa se pueden dividir en tres grupos con independencia del puesto que ocupan o capacidad para el desempeño: los implicados 100% en el proyecto, los que tienen sus días y aportan más o menos en función de otras variables y,  finalmente, aquellos que están en nuestro proyecto porque en algún lado deben estar y fuera hace demasiado frío.

Con esta clasificación podemos encontrar en cualquier grupo desde un directivo hasta el último de los empleados pues se trata de la actitud de las personas en lo que nos apoyamos. Bien, la importancia de gestionar al equipo es tal que, me decía, que un empresario debería pagar o despedir a sus directivos en función de esta clasificación y el flujo de personas desde un grupo a otro.

 El trabajo por el que a un directivo deben subirle el sueldo es por conseguir que cada vez más personas pasen del grupo de los no implicados al de los que tienen sus días, y de este al de los implicados en el proyecto 100% disparando de este modo la productividad de la empresa y, acto seguido, los números verdes en la cuenta de pérdidas y ganancias. El “como” es fácil, con equidad, independencia y transparencia a partes iguales sean buenos o malos momentos los que atraviese la empresa sin confundir con falso paternalismo, amiguismo o condescendencia. El directivo, si no quiere perder su equidad, deberá saber prescindir anualmente de parte de los que se instalan en el último grupo mandando así un mensaje inequívoco que nadie puede perpetuarse en la indolencia y seguir en el barco sin remar.

Por el mismo criterio una empresa debe despedir a cualquier directivo que, por su actitud o hechos, consigue todo lo  contrario y transforma la empresa en un grupo de personas que ocupan su puesto de trabajo sin ilusión y desgana cuando no atemorizadas y luchando entre si. Desmotivar al equipo, hacer que todos estén pensando en salir del proyecto es más destructivo para cualquier empresa que la competencia más feroz o un mercado en retroceso.

Las empresas están llenas de buenos profesionales y todos hemos visto proyectos que se hunden sin explicación alguna y otros que sobreviven a las peores situaciones. En la gestión del equipo humano encontraremos muchas explicaciones al porque de unos resultados y otros. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Lobos solitarios


El jueves despidieron a un buen comercial. Nada nuevo en el horizonte, desde dos mil ocho son muchos los buenos, malos y regulares comerciales que han ido quedando por el camino. Mi empresa no ha sido menos y a mi me ha tocado decírselo a muchos de ellos. Para mi sorpresa me explicó que el despido había sido una liberación, que le iba a costar la salud seguir siendo un lobo solitario por esas carreteras sin respaldo alguno de la empresa.

Me quemé lengua, paladar y por su interior los mofletes. Para una vez que me ponen un cortado con la leche bien caliente me soltó la noticia justo en el primer sorbo y no tuve cálculo de la cantidad de café que coló. Por suerte al gaznate no llegó ni me manché, cosa rara en mí. Que ya no soportaba más enfrentarse un día y otro a los clientes justificando incumplimiento tras incumplimientos. Sus gestos, ojos y tono de voz confirmaban sus palabras.

Lo que empezó por un café entre compañeros de asfalto derivó en una clase magistral para empresarios y directivos en gestión de equipos humanos dentro de una empresa sea cual sea la situación económica, y si la empresa está patas arriba y cuesta abajo, para grabar en el frontispicio de la entrada. Importante apuntar que todo sucedía sin tener ni idea el que impartía la clase y que lo estaba bordando aunque solo yo fuese su público.

Con varias líneas de negocio la empresa llevaba años sobreviviendo de una única línea rentable sin atreverse la dirección a asumir el fracaso parcial para salvar el fracaso total. Ante la falta de liquidez para comprar materia prima o llevar las nóminas al día oscurantismo y malos modos con los empleados. Como respuesta a las quejas de los clientes silencio y ante la falta de producto arbitrariedad en el suministro que ya irá luego el comercial a comerse el marrón con o sin guarnición.

Tuve que hacerle una pregunta aún temiendo romper el ritmo de su exposición. No podía comprender que faltase material siendo los pedidos especie en peligro de extinción por las fábricas andaluzas. Sin mantenimiento en los últimos años y el personal abandonado a su suerte, los comerciales no eran la excepción, los equipos de producción se caían a pedazos y un rosario de averías sustituían a los partes de producción.

La arbitrariedad hecha empresa, por obra y arte de la dirección, había convertido a cada persona en un lobo solitario para sobrevivir dándose dentelladas de reproches al cruzarse. Al pedir una fecha de entrega mordisco, pedir un extracto coz, plantear un abono fusilamiento al amanecer sin último deseo.  Ya quería irme yo también de esa empresa en la que nunca estuve.



Las empresas pueden pasar por momentos gravísimos por infinidad de motivos pero sólo hay uno por el que no hay forma de enderezar el rumbo y las lleva sin solución de continuidad al colapso. La falta de comunicación ante los problemas, hacer del “divide y vencerás” método de control, del reproche estrategia de incentivación y de la desconfianza hacia todos bandera. Es el síntoma más claro para asegurar que ya tiene fecha de defunción aunque la dirección todavía no lo sepa. Claro, salvo que mane petróleo junto a la fotocopiadora o el despacho del gerente esté sobre un filón de oro.

Al despedirnos ya lo comprendía todo, incluso la cafetería que eligió. No lo hizo por el café, las vistas o el  personal. Unos cincuenta metros más abajo estaba la oficina del SAE, con una carpeta bajo el brazo se encaminó hacia ella. Siempre fue un tipo muy previsor.

Publicado en el blog de la Escuela de Gerencia de Granada