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lunes, 5 de octubre de 2015

Dos mundos en la carretera

Los primeros días de septiembre son extraños en los bares de carretera. Como en un pliegue espacio-tiempo que tantas películas usan como argumento,  familias que regresan, grupos de amigos, comerciales  y repartidores nos damos cita entorno a los manteles de papel, botellas de tinto y gaseosa.  Dos mundos y los camareros.
El comedor está lleno y, aunque tengo tiempo para llegar a la cita, la tensión entre varios camareros más otro que pasa junto a mí sin mirarme,  con la camisa medio salida y un lamparón en la pechera  son datos suficientes para intuir que hoy toca barra, bocadillo y tercio.

La familia con un niño que sólo quiere macarrones y en el menú no hay se sienta junto al comercial que  no necesita pedir para que le sirvan. La pareja enamorada que regresa camino de la rutina  comparte la carta del menú con un grupo de zagalones que viajan en un monovolumen  de alquiler.  Dos camioneros que se habrán citado por la emisora comentan sus últimas descargas mientras en la mesa contigua un matrimonio mayor intenta no perder el hilo de las conversaciones, él atiende a los camioneros y ella a la pareja de turistas.
La barra está completa con dos empleados de mensajería que usan ese punto para cambiar mercancía, algún comercial, varios repartidores uniformados y más camioneros. Todos comen y callan, unos miran a Anne Igartiburu  como las vacas al tren y otros tienen la mirada perdida en sus cosas. Otro niño exige  una bola de la máquina que hay junto al expositor con cds, navajas y llaveros. La madre cede ante la amenaza cierta de montarle el enésimo espectáculo como epílogo de las vacaciones. En la zona reservada para camareros se acumulan platos para servir y otros sucios apilados.
Desde mi atalaya con forma de taburete despliego las antenas intuyendo que será uno de esos días en los que no necesitaré el iPad para entretenerme. El tercio no está frío, sólo fresco pero no es día de distraerme en pequeñeces. De la cocina sale mi lomo junto a otros  platos y nervios a partes iguales. La tormenta está servida.
La chispa salta por el flanco más débil. Un camarero que lleva escrito en su cara que es su primer día devuelve asustado dos platos sin tocar. Están fríos y no los quieren le dice al que asoma de la cocina como del mismo  infierno.  Un padre que ya no controla la situación se acerca e interrumpe a novato y cocinero para suplicar que deberían adelantar los platos para los niños y desde otra mesa con todos en chanclas, calzones cortos y camisetas sin mangas preguntan sin los segundos llegarán con la digestión de los primeros ya hecha.  Por una puerta junto a los lavabos aparece una señora con la cara cogestionada y una caja de vasos nuevos, dos barreños llenos a la espera de que alguien los meta en el lavavajillas contemplan la escena. Sigue entrando gente por la puerta.
La retahíla de consejos que  le sueltan acaba por derrumbar al novato que ya no da pie con bola mientras otro camarero veterano se ríe al verme pendiente de la escena general. Aprovecho para pedirle un cortado descafeinado con la leche bien caliente y la cuenta. Una cosa es observar los mundos que en septiembre coinciden sen la carretera y otra que te haga el café el último en llegar.

Publicado en el blog "en la carretera" de @granadadigital el 7 de septiembre de 2015

viernes, 15 de febrero de 2013

Cevisama 2013


Aunque nuestro sector ni esté ni se le espera decidimos ir a Cevisama 2013. A92 norte, tostada de aceite en la venta Vicario, quinientos kilómetros y en el maletero muchas ganas de retomar viejas costumbres. Bueno, no todas. Nos recibió el único monumento al agente comercial que tengo localizado. Le saludé como a un buen amigo que reencuentras en el "facebú"... emoción inicial y con poco que decirle luego. A este sobre todo dada su "frialdad" innata. Desde que allí le plantaron pasa lista cada feria a los que vamos y nos pone falta si faltamos.


Tras unos stands y algo desconcertado le pregunté a mi compañero, con más tiros pegados en esta feria, que si nos habíamos equivocado, que yo no estaba dispuesto a bajar el Puerto de la Mora y entrar en Granada con lo que estábamos viendo y mucho menos decirle a nuestra gente que esto es lo que había que vender. Que toda la vida me haya dedicado a los morteros, prefabricados de hormigón y de más productos sin glamour no impide que tenga cierto gusto, no mucho, en elegir vestimentas y decoraciones. Vale que a uno le queda poco orgullo que defender pero todo tiene un límite.

Agotados de tantos abrazos y alegrías por seguir en el tajo la frase que más escuchamos era lo poco que presentaban para el mercado nacional…. y lo mucho para el museo de los horrores pensé yo. Dominados por el mercado de la Europa del este y los países donde la fuentes manan petrodólares el buen gusto, el mío al menos, los fabricantes no le han dejado mucho espacio en esta feria. Pabellón tras pabellón esquivando empanadas resecas, gin&tonics en vasos de plástico y cafés complicados encontramos finalmente cosas interesantes para ofrecer a nuestros clientes. Espero. Como la edad no perdona optamos por darle una paliza, por separado, a la cama del hotel antes que explorar Valencia a la luz de la luna. Lo prometo.




De regreso, y mientras comíamos en Venta Quemada que seguimos conociendo los buenos sitios, varias conclusiones decidimos que sería nuestro parte de guerra al aterrizar y ser interrogados por los compañeros:

1.- La industria de la cerámica da por perdido el mercado español para varios años más. 
2.- A pesar de todo son mejores las sensaciones para este 2013 que en la edición 2012.
3.- En Valencia no saben lo que es tomarse una tostada de aceite como Dios manda.


PD. A la salida de la feria siguen dando las mismas tarjetitas de siempre. A los novatos decirles que la inercia y la buena educación te lleva a cogerlas. No lo hagáis, ocultas en un bolsillo esperan el día más inoportuno para aparecer y no te valdrán todo el rosario de excusas que des. La maleta te la pondrán en la puerta de la calle pero esta vez sin fecha de retorno. Avisados estáis.