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sábado, 6 de septiembre de 2014

¡Qué rueden las cabezas! #Victus

Tras la inesperada derrota de Pompeyo en Farsalia nos cuenta Cayo Julio César que este tomó las de Villadiego camino de Egipto. Parece ser que contaba con algunos amigos que le debían favores y que mejor momento para cobralos.

Gneo Pompeyo y Cayo Julio César durante el 1er Triunvirato

Nada más poner pie en la tierra del decadente Egipto del s I a.C. algún asesor se pensó que eso de relacionarse con perdedores no era lo adecuado. Lo decapitaron al estilo de los Isis. Las viejas costumbres perduran y ahora, además, nos las televisan.

César tenía claro que la Guerra Civil no acabaría mientras el hijo del “Carnicero” siguiera danzando e intentando montar otro ejército. Salió tras él con la intención de retomar la vieja amistad que les unió no hacía muchos años o cepillárselo si no le gustaba el primer plan. Con Bruto y Cicerón le valió su magnanimidad así que igual, si lo hablaban cara a cara, lo unía a su causa debilitando definitivamente al resto del Senado liderado por la mosca cojonera de Porcio Catón.

En presencia del hermano y marido de la famosa Cleopatra, Ptolomeo XIII, el orgulloso asesor le entregó a Cayo Julio César la cabeza de Pompeyo. Era la gloriosa respuesta que tenían preparada para cuando el romano victorioso preguntase por el romano derrotado. Te hemos hecho el trabajo sucio como acto de buena voluntad debieron pensar. En lugar de cara de satisfacción vieron en César furia y como recompensa a tal acto de vileza contra un ciudadano de Roma exigió la cabeza del asesino y de los ideólogos. Hecho, las cabezas rodaron que para eso los Ptolomeos eran unos artistas de la supervivencia.



Estos días hemos revivido como puede meterse la pata pretendiendo agradar al jefe. Utrecht, presentación en el Instituto Cervantes de un libro escrito originalmente en castellano. Temática la caída de Barcelona en el 1714 ante las tropas borbónicas como epílogo a la Guerra de Sucesión. Quien haya leído el libro, Victus de Sánchez-Piñol, estarán conmigo que no es precisamente un alegato de ningún nacionalismo. Pues bien, algún lumbreras de la embajada contacta con el editor holandés y le pide (o exige) que se suspenda la presentación y charla posterior. Que teme la politización del acto dice el chupatintas. Pero que peligro tienen los paniaguandos del poder ahora y siempre.




El ministro Margallo debería recordar el incidente de César con los Ptolomeos y pedir la cabeza (esta vez metafóricamente hablando) del iluminado o iluminados que tomaron semejante decisión que ha dejado a la altura del betún a una institución prestigiosa como es el Cervantes. Para hacer política está el Gobierno y no esas instituciones. No actuar implicaría algo peor, que hubo orden desde arriba o que aprueban un acto tan vil.

Publicado en Ideal Granada el lunes 8 de septiembre de 2014

miércoles, 11 de abril de 2012

Repite conmigo "DERROTA"

 No se sabe exactamente si fue tras la batalla de Heraclea o tras la de Ascoli cuando el Rey Pirro de Épiro soltó aquello de “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”. Julio César, gran conocedor de la historia de Roma, vio que en Gergovia como máximo aspiraba a una “victoria pírrica” por lo que salió por piernas con sus legiones casi intactas, cambió de estrategia, rodeó Alesia con el famoso doble anillo y liquidó a Vercingetorix con sus 350000 galos. Años más tarde el amigo Marco Licinio Carso agobiado por el esplendor de sus dos colegas de triunvirato, se lanzó sin frenos tras los Partos que le dieron lo suyo y lo del pulpo, por el camino se quedaron 6 legiones desparramadas y asaetadas.


El Rey Pirro de Épiro



Ya con la República en los libros de historia Publio Quintillo Varo cometió otro “craso error” y se adentró junto a sus 3 legiones en el bosque de Teutoburgo. No salió vivo ni el apuntador de aquella encerrona. Se dice que César Augusto desesperado gritaba por el palacio “¡Varo! ¡Varo! ¿Dónde están mis Legiones???" Casualmente ninguno de estos personajes se le ocurrió buscar excusas, pedir otra oportunidad o vestir la derrota de lagarterana para venderla como victoria.

Tras la última “dulce” derrota del PSOE  convertida en “pírrica” victoria por obra y arte de Izquierda Unida me vino a la cabeza una tras otra todas estas historietas y, aunque alguna es de aplicación al PP, comprendí que no cambiarían las cosas hasta que a la derrota se le llamen derrota. Estos días se ha presentado un Manifiesto que le llama derrota a la derrota y no busca fuera los errores que se han cometido dentro y asume que de derrota en derrota no se llega a la victoria final.


Algo de esto necesitamos de una vez en nuestra sociedad, fuera eufemismos, fuera máscaras, ante una derrota electoral, un contrato no firmado, una operación fallida no busquemos excusas. Escuchar, pensar, analizar y cambiar de estrategia es la solución si no pretendes emular al Rey Pirro.